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Scriptus Naturae (http://scriptusnaturae.8m.com). Torralba, A. & C. Acín. 1999. Los Monegros y su conservación. Hiedra Aragón, otoño 99: 4-11


Los Monegros y su conservación

Antonio Torralba & Carlos Acín

.

Los Monegros son un enclave singular de la geografía aragonesa, caracterizado por sus hábitats esteparios y lagunas endorreicas. Un plan de regadíos de principios de siglo amenaza con destruirlos irremisiblemente. Sin embargo, en la actualidad están paralizados y se está discutiendo su realización, debido a una denuncia presentada por la Sociedad Española de Ornitología en Bruselas, por vulnerar la directiva comunitaria que protege a las aves esteparias.

 

Medio natural

Delimitaremos Los Monegros, de acuerdo con Blasco-Zumeta y Melic (5), como la región comprendida entre los ríos Ebro al Sur, Gállego al Oeste y Cinca al Este y los Llanos de la Violada y el Somontano al Norte.

En cuanto a su geología, empezaremos hablando de la su historia geológica, siguiendo a Pedrocchi y Sanz (24). La formación de la depresión del Ebro es simultánea al elevamiento de las cordilleras Pirenaicas e Ibérica y consecuencia de este proceso.

Durante la era secundaria, el relieve se hallaba invertido en el denominado macizo del Ebro, que quedaba bordeado por sendos mares. Desde principios de la era Terciaria, el movimiento alpino provoca el elevamiento progresivo de las cordilleras colindantes y, como compensación del equilibrio de la corteza terrestre, el hundimiento del macizo del Ebro. Así pues, la formación de la depresión del Ebro es simultánea al elevamiento de las Cordilleras Pirenaicas e Ibérica y consecuencia de este proceso.

En el momento en que la altura de las cordilleras sobrepasó al macizo del Ebro, o sea, ya configurada la estructura actual, comenzó una etapa de erosión brutal, con un aporte de enormes cantidades de materiales erosionados hacia la depresión. El mismo peso de los materiales sedimentarios, provocó un mayor hundimiento de la depresión. Ésta fue ocupada por el mar y, al elevarse las cordilleras costeras catalanas, pasó a ser un lago interior, de carácter endorréico, hasta que, al abrirse paso hacia el Mediterráneo, empezó a alcanzar su estructura actual.

En el seno de este primer mar, luego lago interior, se sedimentaron, en perfecta horizontalidad, una serie de estratos que se alternan y que en el área que estamos describiendo son, fundamentalmente, margas, areniscas, yesos y halitas.

Después, la erosión arrastró hacia el Ebro centenares de metros de esos sedimentos, pero de modo irregular. Así, en los interfluvios y con estructuras tabulares, se formaron las muelas, sasos, y cabezos, que no son más que testigo de la altura que habían alcanzado los sedimentos en la depresión.

La aridez del clima hace que la red de drenaje sea más difusa, muriendo en ocasione en el llano por evaporación y percolación de las aguas superficiales o bien por acúmulo en depresiones endorreicas (21).

En cuanto a biocenosis, existe una gran variedad de especies que ocupan los diversos ambientes que podemos encontrar en Monegros (lagunas saladas y de agua dulce, muelas, sasos, estepas, bosques...). Concretamente, se han inventariado más de 5.400 especies, con un elevado grado de endemicidad y citas únicas para la Península Ibérica e incluso para el mundo (se han descrito o están en proceso de descripción 183 especies nuevas para la ciencia).

Al tratar la vegetación monegrina nos encontramos con cerca de un millar de especies, de distintos orígenes biogeográficos, de las cuales un 8% son endemismos ibéricos, con un 3% de endemismos locales monegrinos. Si ampliamos el ámbito territorial a las floras ibero-magrebinas e ibero-provenzales, el número de endemismos se eleva al 14% (5).

En las lagunas saladas la concentración de sales es muy variable, así como el nivel de agua llegándose a secar muchas de ellas, esto hace que los seres vivos estén muy especializados. Existen comunidades de organismos procariotas que son auténticos documentos vivientes que reproducen los paleoecosistemas donde se generó la vida (3). La flora fanerógama destaca por su originalidad y rareza.

El estado actual de las lagunas saladas puede calificarse de muy degradado ya que han desaparecido prácticamente las orlas de vegetación y se han extinguido algunas hepáticas. La puesta en marcha de Monegros II supondría la destrucción tanto de la dinámica de las saladas como sus biocenosis asociadas. Todo esto ya se puede observar desgraciadamente en la laguna del Saladar donde se ha construido un canal de drenaje que lo atraviesa. A pesar de ser de interés comunitario según la directiva 97/62CE del Consejo de 27/10/97 relativa a la conservación de los hábitats naturales y de fauna y flora Silvestres (5).

Las zonas forestales se restringen a la Sierra de Alcubierre y oriente de la región (Serreta Negra-Sierra de Valdurrios-Vedat de Fraga), donde predomina la Sabina albar (Juniperus thurifera) junto al pino carrasco (Pinus alepensis) y carrasca (Quercus ilex). El resto de la comarca esta deforestada debido sobre todo a factores antrópicos (pastoreo, agricultura, talas...) que ha destruido la mayor parte del sabinar), si bien en algunas zonas el motivo a sido la elevada salinidad del suelo o la afloración de la roca madre la que ha impedido el desarrollo de los árboles. Estas zonas deforestadas y que no han sido ocupadas por campos de cultivo, están ocupadas en mosaico por matorrales y comunidades esteparias. (16 y 5).

Entre las comunidades vegetales de la estepa podemos destacan las siguientes (24):

Los espartales compuestos por gramíneas perennes, entre las que se encuentran diversas Stipa (Stipa langascae, barbata, parviflora), junto al albardín (Ligeum spartum). En las primaveras lluviosas, germinan abundantes plantas anuales de ciclo rápido, que cubren el paisaje de flores como (Malva aegyptia, Dephinium pubencens, Silene tridentata, Ziziphora hispanica, etc).

Los sisallares, matorrales gris cenicientos, de altura inferior al metro y medio. Muchas veces son buenos colonizadores de lugares alterados por el hombre.

La vegetación ya comentada en áreas muy salinas.

Los tamarigales de lugares irregularmente húmedos.

También la flora criptógama posee una gran originalidad. Los macrolíquenes merecen ser identificados, y protegidos los enclaves mejor conservados del valle del Ebro.

Las estepas gipsosas (Gypsophyletalia) son de interés prioritario según la directiva 97/62CE del Consejo de 27/10/97 relativa a la conservación de los hábitats naturales y de fauna y flora Silvestres.

Hablando de la fauna podemos destacar a los invertebrados, debido precisamente a ese alto nivel de endemicidad, v. gr., sólo los asociados a la vegetación sobre yesos del párrafo anterior alcanzan las 104 especies (4). Obviamente, resulta imposible exponer en estas páginas la gran cantidad de invertebrados, especialmente artrópodos, que pueblan Los Monegros y sus singularidades, así que aquí simplemente citaremos una mínima parte, y remitimos al/la lector/a interesad@ a la bibliografía correspondiente (15 y 20).

Por nombrar alguna especie endémica en concreto, podemos citar al ostrácodo Pryonocypris aragonica, al miriápodo Lithobius blascoi o al gorgojo Strophosoma blascoi (estos dos últimos con nombres dedicados a Javier Blasco, el maestro de Pina de Ebro que ha hecho (y sigue haciendo), una gran labor por incrementar el conocimiento de Los Monegros).

También son interesantes las distribuciones disyuntivas, que son las de las especies cuyas poblaciones se encuentran aisladas en zonas muy distantes entre sí. Encontramos las del norte de África, como los ácaros asociados a la sabina albar (Juniperus thurifera) y las estepas (13), y las del centro-este de Asia de las que se han encontrado hasta la fecha 34 especies de insectos (4).

En estos ecosistemas podemos destacar la diversidad de hormigas, que con 66 especies que representan un tercio de las integrantes en la mirmicofauna ibérica (8).

De los vertebrados, las aves son el grupo más numeroso y conocido de Los Monegros. Se estima un total de 141 especies reproductoras (seguras, posibles y probables) para la zona, lo que supone el 70,5% de las especies nidificantes en Aragón y el 49,5% del territorio nacional. A ello cabe añadir la presencia de otras 17 especies como invernantes regulares (27). Existen tres IBAs (Areas Importantes para las Aves) para las zonas esteparias, una para la laguna de Sariñena y otras dos más para las sierras de Alcubierre y Sigena, y Valdurrios-Serreta Negra y Los Rincones (28).

Entre las aves esteparias destacan la ganga común (Pterocles alchata) y la ortega (Pterocles orientalis). La avutarda (Otis tarda) que también ocupa el cereal de secano, el sisón (Tetrax tetrax), la alondra de Dupont (Chersophilus dupont) la más dependiente de estos ambientes, el alcaraván (Burhinus oedicnemus) y la terrera común y marismeña (Calandrella brachydactyla y C. rufescens). Todas estas especies están en franca regresión, y su presencia en la zona es lo que ha conseguido que la Unión Europea paralice los regadíos de momento. Además, podemos encontrarnos con aves asociadas a las edificaciones dispersas, a las fuentes de agua (lagunas, saladas y aljibes) y a los roquedos (22 y 24).

Entre los peces podemos destacar, como especies autóctonas a la bermejuela (Rutilus arcasii), al pez fraile (Blennius fluviatilis), a los barbos (Barbus graellsi y B. haasi)...

En cuanto a los anfibios podemos encontrar en las zonas más áridas y salinas a la rana común (Rana perezi), que está presente en todas las balsas de agua dulce y vive en general próxima a ella; el sapo corredor (Bufo calamita) muy abundante; el sapo de espuelas (Pelobates cultipres), el sapo común (Bufo bufo), aunque no es muy abundante y el sapo partero (Alytes obstretricans) (23).

De los reptiles empezaremos por citar a los que podemos encontrar en los barrancos; al galápago leproso (Mauremys caspica) (23) y las culebras de agua (Natrix natrix y N. maura). En la estepa son abundantes las culebras lisa (Coronella girondica) o la bastarda (Malpolon monspessulanus) de hasta dos metros de longitud. También podemos encontrar al lagarto ocelado (Lacerta lepida) y a diversos saurios de origen magrebí como la lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus), la lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus) y la lagartija colilarga (Psammodromus algirus) todas típicas de la estepa, al igual que los eslizones (Chalcides chalcides y C. bedriagai) (24). Son abundantes las salamanquesas, tanto la costera (Hemydactylus turcicus) como la común (Tarentola mauritanica) ambas de carácter antropófilo (23).

Los mamíferos están poco representados. En la estepa y llanos cerealistas hay topillos (Pitymys duodecimcostatus), las liebres mediterráneas (Lepus capensis) y los conejos (Oryctolagus cuniculus) han visto disminuir sus poblaciones de manera considerable. El lirón careto (Elyomis quercinus) hace sus nidos en muy variados lugares como en las ramas de las sabinas, bajo las tejas de las construcciones, etc.

Entre los carnívoros, el más abundante es el zorro (Vulpes vulpes), se observa en todos los biotopos al igual que a la comadreja (Mustela nivalis) y el tejón (Meles meles) aunque éstos no son muy abundantes. En las zonas boscosas podemos hallar al abundantísimo jabalí (Sus scofra), al ciervo (Cervus elaphus) en la Serreta Negra, a la marta (Martes foina) poco abundante y al raro gato montés (Felis catus). Tampoco debemos olvidarnos entre los mamíferos al Homo sapiens, en cuyas manos parece estar el futuro de la zona.

Regadíos

Desde finales del siglo pasado y principios de éste una idea de índole regeneracionista va calando en la sociedad aragonesa de la época: era necesario llevar el agua a los Monegros. La situación entonces era de hambruna generalizada, se buscaba que el campo generara los alimentos redentores para una economía autárquica basada en la tierra. Durante este siglo se efectuaron grandes polígonos de riego que fijaron población, trajeron riqueza y alimentos. Al mismo tiempo la situación fue cambiando: dejó de ser prioritaria la producción de alimentos, se alcanzaron excedentes y hubo que replantearse los grandes proyectos de regadíos que quedaban por hacer. Y entre estos grandes proyectos de regadíos estaba Monegros II. Alentados por políticos ávidos de votos que jamás les dijeron que los regadíos monegrinos no funcionarían, los agricultores de la zona siguen solicitando que se hagan, sin caer (o sin querer caer) en la cuenta de que son otros tiempos, de que ahora no se puede destruir el medio ambiente con fines productivistas, que los datos y estimas indican que los regadíos monegrinos serían un completo fracaso y que no es tolerable la destrucción de un enclava tan singular. A continuación iremos discutiendo la muy discutible y cacareada rentabilidad económica de dichos regadíos, su impacto social y el ambiental que conllevarían.

Uno de los argumentos más repetidos por los agricultores que esperan convertir sus tierras en regadío en Monegros es que sus regadíos van a ser rentables, y consideran que esa rentabilidad económica les da derecho a exigir su realización como "compensación" al agravio histórico que consideran el vivir en una zona semiárida a la que se le ha prometido el agua en numerosas ocasiones y nunca ha llegado. Pero analicemos si, verdaderamente, los futuros regadíos de Monegros II son tan rentables como sus posibles futuros beneficiarios dan por sentado.

La mayoría de las personas consideran que algo es rentable cuando los beneficios superan a los costes, y esto es algo en lo que suponemos que estaremos de acuerdo. Entonces, habría que mirar cuales son los costes y cuales los beneficios esperados de los regadíos de Monegros II, y concluir su posible rentabilidad económica en base a una resta entre los beneficios y los costes (el análisis coste/beneficio sería en realidad algo más complejo, incluyendo tasas de descuento, tasas internas de rendimiento y algunas cuantas más, pero como simplificación conceptual valdría ésta).

Los beneficios son los ingresos que obtendrían los agricultores cultivando tierras de regadío, a lo que habría que restarle los ingresos que ya obtienen cultivando tierras de secano. Esto es lo que suelen considerar beneficios los agricultores, y lo que consideran beneficio los análisis hechos por la administración para otras zonas, como por ejemplo para el embalse de Itoiz y las tierras que se podrían poner en regadío con él.

Sin embargo, esta valoración de los ingresos tiene trampa. Los cálculos de los ingresos de los agricultores, derivados del cultivo de productos tras la transformación en regadíos, incluyen los actuales subsidios establecidos en la PAC. Ello da una falsa impresión de los futuros ingresos, considerando la alta probabilidad de la disminución de dichos subsidios. La inclusión de estos subsidios no es consistente con las directrices establecidas por la Comisión Europea para la evaluación de proyectos. Estas directrices recomienda que se utilicen los preciso internacionales de los productos, es decir, excluyendo los subsidios de la PAC (17). Cualquier análisis económico serio debe eliminar los subsidios, subvenciones o ayudas a la producción de los beneficios, el valor económico a aplicar en el análisis coste/beneficio debe de ser lo que cueste producirlo por el método más barato que en ese momento sea viable, descontando en esa valoración todo tipo de impuestos y subvenciones (1) por rigor científico.

En cuanto a los gastos, a los agricultores les sigue pareciendo rentable simplemente porque no son ellos los que pagan el grueso de esos gastos. No asumen en su totalidad los gastos de la construcción de las obras hidráulicas que se precisan para sus regadíos, no asumen los gastos de las infraestructuras de transporte de ese agua hasta sus tierras, ni asumen lo que en verdad cuesta el agua. Si realmente se tuvieran en cuenta estos datos reales [derivados de la construcción de las grandes obras hidraúlicas], el balance final sería totalmente negativo para los regadíos, salvándose tan sólo aquellos destinados a cultivos de muy alto rendimiento, con buenas expectativas de marcado, y en áreas muy determinadas con un suelo y climatología altamente favorables (área costera mediterránea y ciertas vegas del sur) (7).

Esto mismo ha sido destacado por (25) cuando dicen que existe un consenso general acerca de la inviabilidad económica del grueso de las explotaciones agrarias en el caso de que éstas tuvieran que asumir el 100 % de los costes de la transformación en regadío y del suministro de agua. En otras palabras, la viabilidad económica privada de las transformaciones en regadío depende de la no repercusión de parte de la inversión pública y del coste del agua que se impute a los agricultores.

Y esto es algo que hay que tener muy claro: los regadíos monegrinos, en términos económicos, sólo representan la elevación de la renta privada de un número reducido de personas, al tiempo que unas pérdidas millonarias para toda la sociedad. En el caso de los regadíos del polígonos Monegros II, podemos hacernos una idea de la magnitud de estas pérdidas considerando que el Valor Actual Neto, que nos da el balance final de beneficios netos, es, sobre una inversión total presupuestada de 41.272 millones de ptas., resulta ser de -28.509 millones de ptas. (1).

A la hora de hablar del impacto social, normalmente se ha considerado que los regadíos eran una forma segura de estructurar y consolidar un territorio, creando riqueza y fijando la población en los núcleos rurales, y que incluso rejuvenecían las pirámides de edad de estos núcleos. Así, por ejemplo, en un informe de la D.G.A. de 1986, podemos encontrarnos con que: el regadío actúa como un elemento fijador de la población en el espacio y que las posibilidades de reemplazamiento demográfico están aseguradas en el regadío debido a la relativa juventud de la población. De hecho, hay que tener en cuenta que la creación de los grandes polígonos de riego supuso verdaderamente una estructuración socioeconómica de diversos territorios y un efectivo sistema de lucha contra el hambre y la miseria que azotaban esas tierras, además de una forma de fijar e incluso incrementar la población del medio rural, suponiendo incluso la creación de nuevos pueblos de colonización.

Pero no debemos olvidarnos de que todo esto ocurrió en el pasado. ¿Es lógico suponer que esto mismo es lo que va a ocurrir en el presente o en el futuro?. Las circunstancias socioeconómicas han evolucionado bastante desde entonces, y los planteamientos de principios y mediados de siglo deben de ser revisados y cuestionados en la actualidad. Actualmente, la capacidad del regadío para retener por sí mismo a la población de un área (ya ni siquiera es lógico plantearse su capacidad para atraerla) no se puede considerar un axioma (14).

Analizando diferencialmente los datos demográficos de Monegros, según pertenezcan a pueblos que disponen de regadío frente a los que no lo tienen, nos encontramos con que el conjunto de pueblos que conforman Monegros I (con regadío) ha perdido un 7 % de su población desde 1970 a 1993, mientras que el conjunto de pueblos que conforman Monegros II (sin regadío) ha perdido el 3,7 % de su población. Por avatares del destino, el resultado es que los pueblos con regadío han perdido proporcionalmente el doble de población que los pueblos "de secano", sin embargo, a pesar de la evidencia de los datos, el "mito del regadío" como panacea que soluciona todos los males del mundo rural y, entre ellos, la despoblación, se sigue empleando por algunos agricultores y políticos como justificante de que hay que construir regadíos a toda costa.

El siguiente argumento de orden social invocado por los defensores de los regadíos a ultranza es que crean puestos de trabajo, lo que contribuiría a equilibrar el territorio y a fijar la población (algo que, como ya hemos visto, no ocurre en la actualidad). Sin embargo, nos encontramos con grandes diferencias a la hora de calcular el número de puestos de trabajo que pueden crear los regadíos monegrinos. Así, diversos medios de comunicación han empleado titulares hablando de unos 5.000 agricultores necesitados de agua, contraponiéndolos en algunas ocasiones a "36 avutardas" o a "unas cuantas aves", para deducir a continuación que era un disparate intentar que no se hicieran esos regadíos (para posibles lectores de otras tierras, comentar tan sólo que los principales periódicos aragoneses apoyan completamente la realización de los regadíos a cualquier precio como así han manifestado en sus editoriales (12)

Sin embargo, técnicos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (18) estiman en 35 las hectáreas promedio de regadío en la zona necesarias para la creación de un puesto de trabajo; con lo que las 64.849 hectáreas planeadas en principio para Monegros II (6) producirían unos 1.852 puestos de trabajo (¡no 5.000!), a los que habría que restar los 500 puestos que ya producen como secano (10). Otros estudios (29) hacen una estima según cada tipo de cultivo, valorando en 2.220 horas de trabajo cada puesto, y obteniendo que se necesitarían más hectáreas para crear cada puesto si se cultivan cereales de invierno y algo menos con otros cultivos.

Obviamente, se crean puestos de trabajo, eso es algo innegable. Pero si nos fijamos algo más en los puestos de trabajo que se crean y las inversiones que conllevan, nos encontramos que, tomando valores medios, cada puesto de trabajo generado costaría entre 105-120 (2), 140 (10) y 159 (11) millones de pesetas (la diferencia entre las estimas se debe a los diferencies escenarios utilizados), mientras que el coste medio de crear un puesto de trabajo en Aragón en 1996 fue de 7,6 millones, según datos del Instituto Aragonés de Estadística, lo que nos da una idea del despilfarro de dinero público que se produciría de llevarse a cabo esos regadíos.

Puestos en su lugar estos dos argumentos, el demográfico de fijación de población y el económico de creación de puestos de trabajo, el único impacto social que queda es la elevación de la renta de los propietarios de las tierras. Esto es, cuando los agricultores claman por el "interés social" e "interés general" de esos regadíos, lo que están defendiendo es, exclusivamente, una elevación del nivel de renta de unos particulares concretos (ellos mismos) a costa de unas perdidas millonarias para todos. En lugar de despilfarrar de esa forma el dinero público, ¿no se podría invertir de una forma menos lesiva para el medio ambiente, creando empleo al mismo tiempo? Volveremos a ello más adelante, cuando hablemos de las alternativas posibles.

Los regadíos provocan diversos impactos ambientales de mayor o menor consideración, que pueden ser clasificados como sigue (7): a) impacto sobre la cantidad y calidad de las aguas (subterráneas o superficiales); b) erosión de los suelos; c) modificaciones en el suelo (estructura del suelo, permeabilidad, textura, elementos nutritivos, microflora, microfauna, salinización); d) destrucción de ecosistemas y pérdida de especies animales y vegetales; y e) introducción de nuevas especies y variedades. Además, a estos impactos in situ habría que añadir los fuertes impactos de las obras de regulación hidráulicas, que representan la inundación de valles de montaña.

En el caso particular de Monegros II debemos tener en cuenta la singularidad de este enclave, algo que ya hemos expuesto anteriormente en el apartado de medio natural. Es precisamente esta singularidad la que llevó a 483 investigadores e instituciones científicas de 35 países a firmar el Manifiesto científico por los Monegros (McM) en apenas dos meses. En este manifiesto se exigía, en el nombre de la Ciencia, la inmediata inclusión de los Monegros en alguna de las figuras de protección jurídica contempladas en la legislación vigente.

Ya hemos comentado la gran diversidad del ecosistema monegrino, con más de 5.400 especies inventariadas hasta la fecha, con numerosos endemismos, interesantes distribuciones disyuntas y la mayor tasa de descripción de nuevos taxa de Europa en el presente siglo (183 especies nuevas para la ciencia descritas o en proceso de descripción en los Monegros). También hemos hablado de su singularidad geológica y paisajística. Todo esto es lo que está en peligro si se llevan a cabo los "actuales" (si se puede llamar actuales a unos planes que datan de principios de siglo) planes de regadíos de Monegros II.

Las especies que habitan esas zonas esteparias están allí, precisamente, porque son zonas esteparias. Eso es algo que, hasta la fecha, parecen no haber comprendido políticos y agricultores cuando dicen que es posible compatibilizar los actuales planes de regadíos con la conservación del medio ambiente. Llegan a decir que el ecosistema monegrino lo que necesita es agua para "mejorar" e insisten en que son ellos los auténticos defensores del medioambiente de Monegros. Como muestra de los grandes conocimientos de los que hacen gala para defender sus posturas, transcribimos un párrafo de un artículo de opinión de Hipólito Gómez de la Roces (9), el que fuera presidente de Aragón por el PAR y que demuestra su total ignorancia (por lo menos, de estos temas):

"No conozco a nadie que haya conseguido entablar diálogo con las avutardas, así que resulta pretencioso opinar sobre lo que les agrada o lo que les disgusta; a lo mejor son como los monegrinos, que aman lo difícil. Por ejemplo, ¿cómo podemos saber que prefieren el ocre al verde o lo seco a lo húmedo?"

Ciertamente, debe de parecerle un misterio indisoluble que, sin estar entre nosotros Salomón, se hayan llegado a determinar los requerimientos, preferencias y necesidades de una gran cantidad de seres vivos. Probablemente desconoce que existen algunas disciplinas de la Biología que se encargan del estudio de esas cosas. Ya sabemos que no se exige un determinado nivel de conocimientos para se presidente de una Comunidad Autónoma, pero la ignorancia que desprende ese párrafo denigra a todos aquellos que le votaron.

¿Tan difícil es comprender que las aves esteparias son esteparias y no acuáticas? Los organismos que viven en Monegros están adaptados a condiciones extremas, y no tolerarían un incremento de humedad ambiente como el que provocarían los regadíos. Los organismos que pululan en las lagunas endorreicas saladas, por extraño que les pueda parecer a algunos agricultores y políticos, no aguantarían la dulcificación que se produciría con las escorrentías provenientes de los campos de regadío, del mismo modo que la mayoría de los organismos marinos no pueden vivir en ríos ni lagos de agua dulce. Un estudio del Instituto Pirenaico de Ecología (C.S.I.C.) (19) relata los desastres que acontecerán en la zona si se llevan a cabo esos regadíos, así que recomendamos su lectura a los que todavía propugnan que son compatibles con la conservación del medio.

Su realización representará probablemente la desaparición de la faz del planeta de un gran porcentaje de las especies que han sido descritas en Monegros, así como un duro golpe para el resto de especies endémicas que se encuentran en la zona. En tanto en cuanto que esos regadíos pueden representar la extinción de numerosas especies y la destrucción de este singular enclave, deberían ser desechados, declarada la zona Parque Nacional y buscadas alternativas que permitan vivir a sus habitantes humanos.

Alternativas viables

Y llegamos a la parte más difícil: indicar, aunque sólo sea esquemáticamente, posibles alternativas a los regadíos que permitan vivir a l@s monegrin@s sin emigrar. Los colectivos de regantes expectantes insisten en que la única vía de desarrollo de Monegros es mediante los regadíos, y que éstos son el único sistema para fijar la población. Ya hemos indicado, basándonos en la realidad, que los regadíos monegrinos no fijan la población, nos queda pues exponer alternativas de desarrollo sostenible.

La primer medida a tomar sería la catalogación de los Monegros dentro de alguna figura de protección. Pese a que las organizaciones de agricultores monegrinos no ven con buenos ojos la creación de un Parque Nacional en estas tierras, deberían darse cuenta de las ventajas que esto supondría. Para empezar, los municipios con tierras en el interior del Parque recibirían importantes sumas de dinero provenientes de fondos europeos simplemente por este concepto (así, por ej., los municipios asturianos con tierras dentro del Parque Nacional de Picos de Europa recibieron este año un total de 80 millones de pesetas por eso y la situación en Ordesa es similar). Además, también es posible acogerse a subvenciones y ayudas a la producción por mantener agroecosistemas no agresivos con el medio ambiente; y esas ayudas europeas, al contrario que las de la PAC, tienden a aumentar en lugar de a desaparecer.

Siguiendo con la agricultura, se podría buscar la integración de todo el proceso productivo, incluyendo la transformación de los productos agropecuarios, de forma que se generara una mayor riqueza en la zona, al comercializa productos con valor añadido y no sólo materias primas. Además, se podría buscar una mayor diversificación de cultivos, incluyendo el cultivo y transformación de plantas aromáticas y medicinales, por ejemplo (26). En un folleto informativo sobre el programa Leader II, editado por Adegaso en el Reino de los Mallos, podemos leer el siguiente párrafo, que puede perfectamente ser aplicado a los Monegros:

La diversificación de la economía en las zonas rurales, fijar la población y mantener y conservar el medio ambiente son tres de los objetivos que la Unión Europea se planteó al poner en funcionamiento el Programa Leader II. [...] Las perspectivas del sector agrícola no son nada halagüeñas, de ahí la necesidad de diversificar la economía agraria para incrementar su rentabilidad. No es necesario pensar en proyectos desproporcionados para hacer rentable una explotación agroganadera que pueda competir en pequeños mercados. El aprovechamiento de los que nos es propio puede abrir interesantes perspectivas.

Naturalmente, sería ilógico centrarnos exclusivamente en la agricultura. Para conseguir generar empleo y fijar a la población hay que diversificar el espectro económico productivo y buscar nuevas actividades o potenciar las existentes, para lo cual se puede recurrir, como no, a los fondos europeos. Y no debemos olvidar que los regadíos obligaban a una inversión de más de un centenar de millones de pesetas para cada puesto de trabajo generado; con mucho menos dinero se pueden generar puestos en sectores como la artesanía, pastelería, pequeña industria...

Tampoco debemos olvidar que un sector como es el turismo de calidad, atraído por la singularidad monegrina y debidamente controlado para evitar posibles afecciones ambientales, podría generar igualmente puestos de trabajo y riqueza. En este sentido, es interesante señalar que la declaración de un espacio protegido suele incrementar notablemente el número de visitantes, y mucho más si éste es correctamente promocionado.

Alternativas para un desarrollo compatible con la conservación del medio ambiente las hay; falta decidirse por ellas en lugar de permanecer anclados en reivindicaciones anacrónicas de proyectos faraónicos e inviables, dadas las circunstancias actuales.

 

 "No hay nadie más ecologista que los regantes que convierten las estepas en zonas verdes." Antonio Fajarnés, presidente entonces de la Comunidad General de Riegos del Alto Aragón. Heraldo de Aragón, 15.02.1989.

"Imaginar que la extensión del riego en Monegros no puede llevarse a cabo por problemas medioambientales (la preservación de algunas aves esteparias) está más allá de la lógica" Editorial Heraldo de Aragón, 21.08.1999

"Por primera vez se nos han explicado qué exigencias hay por parte de Bruselas [...] y lo que pide Europa es intolerable" Javier Escanilla, presidente de la Asociación de Regantes Expectantes. Heraldo de Aragón, 27.08.1999

"En Monegros no hay animales más necesitados de protección que los racionales" Hipólito Gómez de las Roces, expresidente de Aragón por el Partido Aragonés Regionalista (PAR). El Periódico de Aragón, 12.09.1999

 

Bibliografía referenciada

 

(1) ARROJO, P.; BERNAL, E.; FERNÁNDEZ, J. & LÓPEZ, J. M. 1998.- El análisis coste-beneficio y su vigencia relativa en la valoración de grandes proyectos hidráulicos. Congreso Ibérico sobre Gestión y Planificación de Aguas. Zaragoza, del 14 al 18 de septiembre.


(2) ARROJO, P. & FERNÁNDEZ, J. 1999.- Razones económicas para una nueva política de regadíos en Monegros. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 24: 207-208.

(3) BALSA, J. & MONTES, C. 1999.- La conservación de humedales en las zonas semiáridas: Los Monegros. Quercus, 64: 36-44.

(4) BLASCO-ZUMETA, J. 1998. Los invertebrados. En: PEDROCCHI, C. (coor.) 1998. Ecología de los Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. Instituto de Estudios Altoaragoneses y Centro de Desarrollo de Monegros, pp.: 205-242.

(5) BLASCO-ZUMETA, J. & MELIC, A. 1999. Introducción a Los Monegros. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 24: 5-8.

(6) D.G.A. 1986.- Estrategias para el desarrollo de los riegos en Aragón. Ed. Diputación General de Aragón, 85 pp.

(7) DE MIGUEL, E. & MARTÍN, S. 1992.- Incidencia ambiental y viabilidad económica de los regadíos en España. Ed. Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental, 23 pp.

(8) ESPADALER, X. 1999. Hormigas (Hymenoptera, Formicidae) de Los Monegros. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 24: 151-152.

(9) GÓMEZ, H. 1999.- Monegrinos, especie a proteger. El Periódico de Aragón, 12.09.99.

(10) GRACIA, J. J. & FERNÁNDEZ, J. 1997.- Realidades en torno al embalse de Biscarrués-Mallos de Riglos. Nueva cultura del agua. Serie informes nº 1: 1-20.

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Este artículo fue publicado en Hiedra Aragón otoño 99, páginas 4 - 11, en 1999. Se reproduce aquí el texto completo, una vez que está fuera de stock (y no va a ser reeditado) el citado boletín. Forma sugerida de citación del artículo (en el caso de que alguien desee citarlo para algo):

Torralba, A. & C. Acín. 1999. Los Monegros y su conservación. Hiedra Aragón, otoño 99: 4-11.


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