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Doñana.
Por Antonio Torralba

De vergonzoso se podría calificar el comportamiento de las administraciones (tanto estatal como andaluza), echándose la culpa una a la otra en el desastre de Doñana, pero, más vergonzoso todavía, resulta el hecho de que existiera una presa embalsando cinco millones de metros cúbicos de residuos de la mina en el lugar en el que estaba. Aún en el caso de que el riesgo de que ocurriera algo parecido a lo que ocurrió fuera mínimo (que no debía serlo, a juzgar por las numerosas denuncias que ya había habido) no se debería permitir una construcción de esas características aguas arriba de un Parque Nacional tan emblemático como lo es Doñana. Pero el hecho es que estaba allí, y el hecho es que ha contaminado un gran número de hectáreas del Parque, y también de las que no pertenecen al Parque.

Ahora ya, Lo que se debe hacer es limpiar la zona, descontaminarla y depurarla, y depurar también las posibles responsabilidades del vertido. Aparte de los posibles responsables entre el personal de las Administraciones (¿quién autorizó la presa? ¿quién mantuvo los permisos? ¿quién dio el visto bueno a las inspecciones, incluida la última, pocas horas antes de la catástrofe?), existe un responsable claro de esos residuos, y ese es la empresa propietaria de la mina, Boliden. Nos hemos enterado de que, en contra de la imagen que primero nos quisieron hacer creer de empresa preocupada por el medioambiente, se trata de una multinacional que ya ha estado metida en casos similares en Argentina y Suecia, destruyendo la Naturaleza para conseguir aumentar sus dividendos.

Obviamente, deberá pagar por lo que le ha hecho a Doñana, y en este caso parece claro que se deberían aplicar al máximo las leyes, en parte para intentar recuperar el Parque y en parte para evitar que algo así se vuelva a repetir. Primeramente, y según el principio de "quien contamina, paga" será ella la que debería pagar las labores de descontaminación y recuperación de la zona, el retirado y depurado de los lodos contaminados, las cosechas perdidas (no solo este año, sino hasta que se pueda volver a cultivar como antes del vertido) y las actividades encaminadas a la repoblación de la flora y fauna dañada o muerta, hasta que quede como antes, si es que eso es posible. Además, según las leyes que regulan la pesca y la caza en Andalucía y la Ley 4/89 de Conservación de Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre, debería pagar la correspondiente multa por cada uno de los peces muertos a causa del vertido, por cada ave dañada, muerta o molestada, por cada uno de los artrópodos (como el cangrejo que aparecía fotografiado en su periódico) y demás invertebrados afectados (y créanme, hay muchísimos), y por la vegetación dañada. Para terminar, basta con recordar que el Código Penal castiga el delito ecológico (que es ante lo que parece que nos encontramos) con penas de hasta 6 años de cárcel. Nuestras leyes a este respecto dejan bastante que desear, pero pueden ser el instrumento para que paguen los culpables y que esto no se vuelva a repetir. Doñana ha sido herido, y todavía no se sabe con certeza cual de que gravedad; ahora lo que se debe hacer es intentar curarlo y castigar a los culpables.

El País consideró que no debía ser publicada, ¿Por qué?. Su contestación fue:

Le agradezco su interés al enviarnos su carta para la sección Cartas al Director: Lamento que en esta ocasión no haya sido publicada ya que el gran número que recibimos diariamente nos obliga a realizar una minuciosa selección de las mismas.

Atentamente,

Jesús Ceberio.
Director.


   

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