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La fiesta nacional, toda una vergüenza.

Por Antonio Torralba Burrial

Tras leer el programa de fiestas de este año y el texto del Sr. Luis Luna, no puedo por menos que sentirme aludido, al estar entre ese "gran número de personas, españolas también, que pueden llegar no sólo a ignorar, sino a rechazar la fiesta más arraigada por su dilatada historia: nuestra fiesta nacional". De hecho, lo que no puedo comprender, es que existan ¿personas? capaces de reunirse en una plaza y disfrutar mientras se tortura sádicamente a un pobre animal, mientras se marea, se pincha, se hiere, se acuchilla, se humilla y se asesina a un tranquilo herbívoro.

Las razones expuestas por ese señor para ser un gran aficionado son, cuanto menos, ridículas. Ninguno de los tres puntos (ni siquiera argumentos) enumerados se sostiene tras leerlo, a no ser que quién lo lea esté convencido de que hacer sufrir cruelmente y a propósito a un animal y manchar de sangre la arena sea un arte, que es como confundir el canibalismo con la gastronomía.

Su primer punto lo único que prueba es que el sadismo no es patrimonio exclusivo de los españoles, y que siempre hay gente dispuesta a pagar por ver en directo la tortura y el dolor ajenos. Además, de aceptar que una acción, por el solo hecho de producirse en diversos países es algo que merezca tener afición, deberíamos estar de acuerdo que el asesinato, el terrorismo y la guerra la merecen igualmente, puesto que cumplen la misma condición.

El segundo punto es totalmente ilógico, y para demostrarlo basta echar una ojeada a los periódicos, pese a que toreros y toros se juegan la vida, las probabilidades no son las mismas para ambos. Además, el toro no elige jugársela, y se limita a intentar defenderse de los bárbaros ataques del torero. En cuanto al texto de Bergamín, solo muestra la identidad de ideas del crítico con las suyas.

En cuanto al último punto, se trata más bien de un recorrido por la España profunda, aquella que debió de haber acabado con la transición.

En definitiva, no hay más remedio que admitir que ese sentimiento extraño no es más que sadismo, gusto por la tortura, el dolor, el sufrimiento, la sangre y la muerte, en este caso de un pobre animal.

 

Publicada en:
DIARIO DEL ALTOARAGÓN, sección de Cartas al Director, 1998.08.02.
HERALDO DE HUESCA, sección de Correo del Lector, 1998.08.04.


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