Scriptus Naturae (http://scriptusnaturae.8m.com). Torralba Burrial, A. 1996. El comercio de insectos. Bol. Onso, 14: 9-12.
Desde tiempos inmemoriales, el hombre se ha sentido atraído por la observación, veneración (en algunos casos) y posesión de los insectos. Esto le puede parecer raro a alguien que al oír la palabra insecto la asocia inmediatamente con "esos bichos que pican" o con "esas molestas moscas", sin entrar en consideraciones sobre la labor descomponedora que llevan a cabo las moscas en el ciclo de la vida, aclararemos que no nos refriamos a ellas en este artículo, sino que nos limitaremos a los dos ordenes de insectos en los que se encuadran las especies de mayor belleza y tamaño, esto es, a los coleópteros y a los lepidópteros.
En estos ordenes es donde con más frecuencia se han
dado casos de admiración por tan maravillosas criaturas,
llegando en algunos casos, como ya apuntábamos más
arriba, incluso a su veneración (recordar tan solo al escarabajo
sagrado de los egipcios). Así, no es de extrañar
que hayan sido estos ordenes los más estudiados y sobre
los que más sabemos, aunque sigue siendo mucho todavía
lo que nos queda por conocer.
Sin embargo, está admiración, acompañada por el deseo de posesión de aquello que admiramos, ha traído también un afán por el coleccionismo y, como no, por el comercio de insectos. No vamos a entrar aquí en los problemas que puede o no acarrear el coleccionismo de insectos, lo cierto es que sin la captura de ejemplares y su posterior estudio y clasificación (o determinación, según el caso) nuestros conocimientos serían prácticamente nulos sobre el tema. En este artículo nos vamos a centrar, como dice claramente el título, en el comercio de insectos y lo que ello conlleva.
El comercio de insectos se ha caracterizado, salvo raras excepciones (naturalistas que pagan con chucherías a l@s niñ@s del lugar para que les traigan "bichos" de la zona, museos que contratan a l@s naturalistas anteriormente citad@s para conseguir inventarios de zonas perdidas en la geografía (incluir aquí nuevos países o continentes) por referirse a un número limitado de familias claramente identificables (aquellas a las que pertenecen los insectos con formas más alucinantes y de "mayor" belleza (o que responden al concepto de "belleza" que tiene la mayor parte del mundo)), el resto, han sido (por fortuna) olvidados por el Homo capitalistis vsinsectus. Nadie incluye en sus listas de precios un ejemplar de blanquita de la col (Pieris rapae) o de langosta (Locusta migratoria, obviamente). El comerciante de insectos, ya lo veamos como (o ya sea) un mercader o un traficante, se esfuerza por vender aquello que puede tener más demanda, esto es, especies raras, gigantes, bellezas tropicales, o subespecies de distribución cuanto más limitada mejor.
En las páginas del número anterior de este mismo boletín, hace ya algún tiempo, creo que dejaba bastante clara mi posición respecto al traficante de insectos, al que calificaba de especie a exterminar. Coincido con Pérez de-Gregorio en considerar despreciables a aquellas personas que, movidas por el lucro, se dedican a capturar y matar insectos, en especial de especies raras y/o localizadas, con el fin de venderlas para aumentar así su beneficio. Con mucha frecuencia y con el solo objeto de obtener mayor precio, asegurar la demanda y fomentar su negocio, se dedican a esquilmar hasta la extinción colonias de especies endémicas, a fin de disponer del mayor número de especímenes para la venta y asegurar así la rareza y escasez base de su negocio.
Esta actitud de rapacidad manifiesta (espero que me perdonen los buitres y demás aves rapaces por la expresión) afecta gravemente a la estabilidad y supervivencia de las especies, además de perjudicar de forma grave a los entomólogos serios (ya sean aficionados o profesionales) que se encuentran con que sus objetos (mejor dicho, sujetos) de estudio desaparecen a causa de estas recolecciones abusivas.
Sin embargo, también
hay que reconocer que, en muchas ocasiones (aunque parece que
va desapareciendo ya esta actitud) estos entomólogos que
se dicen serios (sobre todo los europeos) también han caído
en la trampa del comercio de insectos. Hace ya bastante tiempo,
en un estudio que realizó el P. Longinos Navás (1931,
Revta. Acad. Cienc. exact. fís. quím. nat. de
Zaragoza, 15:78) sobre el Moncayo, figura el siguiente comentario
sobre la mariposa apolo de la zona (Parnassius apollo laufferi)
(transcribo literalmente, aunque hago constar que el nombre de
la mariposa empleado en el texto no es el correcto según
las reglas del Comité Internacional de Nomenclatura Zoológica):
"El Dr. Hartert, director del Museo de lord Rothschild en Tring, subió al Moncayo exclusivamente para capturar la codiciada mariposa Parnassius Apollo L. var. aragonica Bryk, la joya de este monte, regresando a Inglaterra contento por haber logrado una veintena de ejemplares. Sé que en otra ocasión la casa Staudinger et Bang Haas, de Dresde, pagó 25 pesetas por 5 ejemplares de la misma, no de primera calidad, que de serlo ofreciera mucho mayor precio".
Es de señalar que el precio pagado por dichas mariposas, cinco pesetas por ejemplar, nos puede parecer ahora una minucia, pero en aquel tiempo (1931) era una cantidad bastante elevada. Hoy en día esa mariposa (junto con todas las demás subespecies de Parnassius apollo) se halla protegida por los Convenios Internacionales de Berna (calificada como "especie estrictamente protegida") CITES (especie en riesgo de extinción (explotación sujeta a reglamentación/autorización) y por la Directiva Habitat (especie sujeta a protección estricta).
A pesar de estar protegida por todas las leyes y convenios que la pueden proteger, y de su inclusión en los correspondientes Libros Rojos, esta mariposa sufre una presión excesiva por parte de los comerciantes que no dudan en capturarla para optener pingües beneficios. Se cree que esta es la causa de la brutal regresión sufrida en los últimos años por las poblaciones de la Sierra de Guadarrama. Obviamente, el precio que puede alcanzar una subespecie de la apolo supera en la actualidad con creces el duro que pagaba la casa Staudinger et Bang Haas en 1931; podemos encontrarlas en catálogos con precios que oscilan entre las 900 pesetas de un macho de P. a. djumbirensis, a las 5500 de una hembra de P. a. antiguus. Si les han asombrado esos precios sigan leyendo.
Lucanus cervus, imponente escarabajo cuyas mandíbulas le han proporcionado el nombre común de ciervo volante, también se haya protegido por el Convenio de Berna (especie protegida) y por la Directiva Habitat (especie de interés comunitario cuyo hábitat debe ser objeto de protección) y para su protección estudio se están llevando a cabo diversas actuaciones (Proyecto Ciervo Volante). Sus problemas principales no provienen en este caso del comercio, aunque este también es importante.
Como ejemplo de ello veamos lo que ocurre en Japón. Un ejemplar de 7'8 centímetros llega a costar 26.000 $ (si, si, leyeron bien, veintiséis mil dólares USA), mientras que ejemplares grandes de entre 1.000 y 5.000 $ tienen bastante aceptación. Los ejemplares de tamaños medianos son vendidos vivos en las ferias y tiendas de mascotas por precios que oscilan entre los 10 y 50 $, tras lo cual se convierten en animales de compañía las pocas semanas que viven en estado adulto.
Hay que decir, sin embargo, que el problema del comercio es mínimo en este caso puesto que la mayor parte de los ciervos volantes puestos a la venta provienen de criaderos, "granjas de escarabajos", para que nos entendamos. Con el dinero que sale de ese comercio se podrían subvencionar numerosos proyectos para proteger al L. cervus y a su hábitat, sin embargo esto no ocurre.

Por si alguien duda todavía del volumen de dinero que mueve el comercio de insectos, pasaremos a hablar de los dos géneros de mariposas tropicales que pasan por ser los insectos más bellos del mundo. Me refiero, claro está, a Troides y a Ornithoptera. Mariposas de alas gigantescas (Ornithoptera significa precisamente "alas de pájaro") y colores incomparables, han sufrido (y siguen sufriendo) la presión excesiva de un coleccionismo inútil (desde el punto de vista científico) y pueril (desde cualquier otro punto de vista) y de un comercio depredador.
Haciendo una aproximación en cifras, nos encontramos con que una pareja de Troides andromache cuesta unas 35.000 pts, mientras que una pareja de Ornithoptera goliat supremis alcanza las 90.000. Tras esas cifras se esconden miles (incluso millones) de mariposas masacradas con el único fin de conseguir dinero. Mientras, no hay dinero para construir reservas, para pagar guardas o para financiar proyectos de recuperación de esas especies. Tal vez podría conseguirse mediante un sistema de "granjas de mariposas", que evitarían que las mariposas fueran cogidas de la Naturaleza y al mismo tiempo proporcionarían numerosos ejemplares para repoblaciones.
El comercio es el culpable de la fuerte regresión de aquellas especies que más demanda tienen, y esto es algo que no debemos olvidar. Hemos de empezar por negarnos a comprar insectos de especies tropicales, mejor aún, hemos de negarnos a comprar insectos (podríamos hacer aquí claras excepciones con las especies criadas en cautividad) y hemos de denunciar a todo aquel que trafique con ellas sin los correspondientes permisos porque, si bien el comercio no es el más grande de los problemas a los que se enfrentan los insectos, en algunos casos puede llegar a exterminar poblaciones, subespecies e incluso especies enteras de hexápodos.
Bibliografía consultada.
IBERO, C. (1990).- "Mariposas: Su vida, amenazas y
conservación", 54 pp, ed. ADENA/WWF.
MELIC, A. (1993).- "Protección legal de artrópodos
en España", Bol. SEA nº 3, pp. 9-16.
MELIC, A. (1995).- "Genera insectorum", Bol. SEA
nº 11, pp. 63-68.
PÉREZ, J. J. (1995).- "Entomología y tráfico
de insectos", Bol. SEA nº 10, p. 55.
PINO, M. (1996).- "Catálogo de venta", 6 pp.
REDONDO, V. M. (1994).- "El Parnassius apollo (L..)
del Moncayo ya se cotizaba por entonces.", Zapateri Revta.
aragon. ent. Tomo 4, p. 157.
TORRALBA, A. (1994).- "Réquiem
por un insecto", Bol. Onso nº 10.
Este artículo fue publicado en el Boletín de la Asociación Naturalista Altoaragonesa Onso nº 14, páginas 9 - 12, en 1996. Las ilustraciones fueron realizadas por Jordi Arnal. Se reproduce aquí el texto completo, una vez que está fuera de stock (y no va a ser reeditado) el citado boletín. Forma sugerida de citación del artículo (en el caso de que alguien desee citarlo para algo):
Torralba Burrial, A. 1996. El comercio de insectos. Bol. Onso, 14: 9-12.
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