Scriptus Naturae. Torralba, A., 1998.- III Curso de Iniciación a la Entomología. Natura nusquam magis est tota quam in minimis. Ed. Asoc Natur. Altoaragon. Onso, 47 pp.
IV.1. Proceso de artropodización.
Los artrópodos son animales invertebrados
pluricelulares que tienen un exoesqueleto de quitina (polímero
de N-acetilglucosamina) y patas articuladas móviles. Este
esqueleto externo les sirve como protección contra las
agresiones del medio, como pueden ser la sequedad y el exceso
de calor, y contra sus enemigos. También les proporciona
la resistencia necesaria para una movilidad rápida y precisa.
Los artrópodos, como su nombre indica, poseen
apéndices articulados que emplean para desplazarse, respirar
y alimentarse. En la cabeza aparecen los principales órganos
sensores y aquellos que emplean para la ingestión de alimentos.
La artropodización es el proceso por el
cual los artrópodos llegaron a ser lo que son, esto es,
artrópodos. Los caracteres nuevos (apomórficos)
del proceso de artropodización son:
Exoesqueleto quitinoso.
Apéndices articulados
Cefalización.
Hemocele (= mixocele).
Según diversos autores, este proceso de
artropodización habría tenido lugar sólo
una vez, con lo cual el grupo de los artrópodos sería
monofilético. Otros en cambio consideran que este proceso
habría podido ocurrir hasta cuatro veces, con lo que los
artrópodos serían polifiléticos.
La presencia del exoesqueleto quitinoso, implica
necesariamente que, para poder seguir moviéndose, los artrópodos
deben tener apéndices articulados. En algún momento
aparece la cavidad del cuerpo (hemocele). Los apéndices
se especializan, dando como resultado una metamería heterónoma
mucho más importante que en cualquier otro grupo. Esto
implica una cefalización, ya que es en la parte anterior
del cuerpo donde se especializan los apéndices sensoriales
y aquellos que intervienen en la alimentación. Todo esto
implica un sistema nervioso complejo, aunque mucho más
sencillo que el de los vertebrados.
Es este modelo artrópodiano el que les ha
permitido alcanzar un enorme éxito evolutivo. Artrópodos
hay en todos los sitios: en los charcos, en los ríos, en
los lagos, en los mares, en el desierto, en la montaña,
en el polo, en las copas de los árboles, bajo tierra...
Los artrópodos nadan, bucean, se arrastran, cavan, vuelan,
saltan... vamos, que hacen de todo menos escribir a máquina.
Hay descritas algo más de un millón
cien mil especies de artrópodos (ver gráfico página
siguiente), lo cual es mucho teniendo en cuenta que se han descrito
cerca de millón y medio de seres vivos (aunque los datos
varían de una publicaciones a otras, los porcentajes se
suelen mantener, especie más especie menos).

En cuanto a los cálculos sobre cuantas especies
hay en realidad, varían enormemente según las publicaciones.
Desde los más optimistas, que manejan cifras de 100 millones
de seres vivos (97 de ellos artrópodos) (cifras probablemente
demasiado optimistas), hasta estimaciones sumamente pesimistas
que los sitúan en sólo 4 millones (aunque parece
tratarse de una subestimación muy fuerte), pasando por
los ya clásicos cálculos de ERWIN basados en los
coleópteros del dosel tropical, que situaban las cifras
en 30 millones de artrópodos (de todas formas, estos cálculos
también estaban subestimados por el diseño del experimento).
La conclusión a esto es que no sabemos cuantas especies
de artrópodos hay, pero lo que si se sabe es que lo que
conocemos ahora es una pequeña fracción de la diversidad
artropodiana.
Pero no todo ha sido un camino de rosas para los
artrópodos; también han tenido que superar algunos
problemas intrínsecos a su diseño, el mayor de los
cuales ha sido el de su crecimiento. El estar rodeados por una
armadura es muy útil para evitar la desecación y
a los depredadores, pero resulta poco práctico cuando lo
que se pretende es aumentar de tamaño. Para conseguirlo,
los artrópodos han llegado a una solución de compromiso:
llevan en todo momento su armadura, pero cuando tienen que crecer
se desprenden de ella, crecen y se construyen una nueva; es lo
que se conoce como muda, y volveremos a hablar de ello cuando
lleguemos al grupo de los insectos.
IV.2. Historia evolutiva de los artrópodos.
Podemos encontrar artrópodos perfectamente
constituidos como tales en los mares de principios del Cámbrico
(hace 600-570 MA); que fue cuando aparecieron los Trilobites.
Tenemos constancia de unas 10.000 especies de Trilobites hasta
que desaparecieron en la extinción del Pérmico.
Todos eran marinos y presentaban la parte dorsal de su exoesqueleto
mineralizado, lo que ha contribuido a que haya tantos fósiles
de Trilobites, (pese a esta abundancia de fósiles, la estructura
de sus apéndices se desconoce de la mayoría (tan
sólo se conocen algo en unos 20 géneros).
Sin embargo, se supone que en aquellas fechas debía
de haber muchos otros artrópodos recorriendo los mares
cámbricos, como lo atestiguan los yacimientos de Burgess
Shale (Canadá) y Chengjiang (Yunna, China), donde, gracias
a que se dieron unas condiciones tafonómicas excelentes,
se han conservado también invertebrados de cuerpo blando
(a la hora de hablar de fósiles, se puede considerar a
la mayoría de los artrópodos como invertebrados
de cuerpo blando).
En Burgess (hace 540 MA) se encontraron alrededor
de 150 especies, de las que 44 géneros eran artrópodos
(de
estos,
tan sólo una pequeña fracción (14) eran Trilobites).
También se encuentran aquí los primeros crustáceos
(Canadaspis) y quelicerados (Sanctacaris) (este
encontrado en los alrededores del yacimiento) descubiertos. También
aparecen los primeros Protoonicóforos (Aysheaia,
Annalocaris, Hallucigenia) que se cree pudieran
estar relacionados con los miriápodos (que no aparecieron
hasta el Silúrico) y, por tanto, con los insectos (que
esperaron hasta el Devónico para aparecer).
También aparecieron otros artrópodos
sin relación conocida con los actuales, y que se engloban
dentro de la clase Trilobitoidea (extinta en la actualidad y que
puede considerarse como un cúmulo de experimentos evolutivos
que acabaron fracasando), como pueden ser Marrella splendens
y Sidneyia.
Tampoco deberíamos olvidar a los Eurypterus,
que eran algo así como un escorpión marino de unos
dos metros de largo.
Pero, ¿de dónde provenían
todos estos artrópodos s. l.? ¿cuál
es su antecesor?. Sobre esto hay grandes dudas, ya que los especialistas
no consiguen ponerse de acuerdo. Sin embargo, una de las hipótesis
con más adeptos es que provienen de la línea anelidiana
a través de los antecesores de los onicóforos (aunque,
como decíamos más arriba, todavía no se han
puesto de acuerdo ni siquiera si este camino ha sido recorrido
una sola vez o varias).
Los onicóforos actuales son animales terrestres
que viven en lugares húmedos y sombreados de los bosques,
alimentándose de pequeños insectos y crustáceos,
que cazan a distancia gracias a un líquido venenoso que
proyectan sobre sus víctimas. Presentan un cuerpo blando,
alargado con un par de antenas, otro de mandíbulas, unos
apéndices especializados en la boca (papilas orales) y
de 14 a 43 pares de apéndices marchadores (lobopodios).
Como se ve en el dibujo, su aspecto recuerda al de una babosa
con patas (de hecho, fueron clasificados como moluscos en un principio),
pero esta apariencia es sólo superficial; en realidad son
un cúmulo de caracteres anelidianos y artropodianos juntos,
además de unos cuantos caracteres propios.
Volviendo a donde habíamos dejado nuestra
historia evolutiva, los artrópodos dan el salto a tierra
firme junto con otros animales y plantas hace unos 400 MA. En
el Silúrico aparecen los primeros miriápodos, así
como los primeros escorpiones verdaderos, todos ellos marinos
y que poco a poco pasarían a tierra firme.

Y en
el Devónico, por fin, aparece el primer fósil de
insecto, honor que corresponde al colémbolo Rhyniella
praecursor, que apareció en el Devónico medio
de Escocia. El hecho de ser ya un insecto evolucionado nos indica
que los insectos debieron de surgir mucho antes (a comienzos del
Devónico o a finales del Silúrico).
Una hipótesis sobre el origen de los insectos
sitúa a su antecesor en un grupo de miriápodos (los
Symphyla) o en sus inmediatos antecesores (Symphyla sería
entonces el grupo hermano de Insecta).
Volveremos sobre la historia evolutiva de los insectos
al hablar de cada grupo en particular.
Nota: Para la confección de este apartado, se han seguido las obras Bol. SEA 16 y Melic [1998].
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