Scriptus Naturae. Torralba, A., 1998.- III Curso de Iniciación a la Entomología. Natura nusquam magis est tota quam in minimis. Ed. Asoc Natur. Altoaragon. Onso, 47 pp.
III. La labor del entomólogo. Material y métodos.
Dada la multiplicidad de estudios que se pueden
realizar en Entomología, tan solo se hará referencia
aquí, brevemente, al trabajo de campo y, más brevemente
aún, al de laboratorio clásico (aquel que se realiza
sin enzimas, PCRs ni demás técnicas moleculares).
Lo primero que tenemos que hacer es tener claro
cual va a ser el planteamiento del estudio (qué es lo que
queremos averiguar y cómo lo vamos a hacer). Después,
hay que repasar la legislación existente y asegurarnos
que no está prohibido por alguna ley. Como en el 99 % de
las ocasiones va a estar prohibido, deberemos empezar por pedir
permiso a la Administración para investigar.
A este respecto tenemos que recordar que la Ley
4/89 de 27 de Marzo, de Conservación de los Espacios Naturales
Protegidos y de la Fauna y Flora Silvestres, tiene un artículo
26.4 que dice:
Queda prohibido dar muerte, dañar, molestar
o inquietar intencionadamente a los animales silvestres, y especialmente
a los comprendidos en alguna de las categorías enunciadas
en el artículo 29, incluyendo su captura en vivo y la recolección
de sus huevos o crías, así como alterar y destruir
la vegetación. En relación a los mismos quedan igualmente
prohibidos la posesión, tráfico y comercio de ejemplares
vivos o muertos o de sus restos, incluyendo el comercio exterior.
Como, invariablemente, cualquier actividad que
pretenda realizar el entomólogo va a estar dentro de esos
supuestos prohibidos, ya que la legislación está
pensada para proteger vertebrados fundamentalmente, deberemos
pedir permiso ateniéndonos al artículo 28.2 de dicha
ley:
Podrán quedar sin efecto las prohibiciones
del artículo 26.4, previa autorización administrativa
del órgano ¿competente? (en el caso de Aragón,
la Dirección General del Medio Natural), cuando concurra
alguna de las circunstancias siguientes:
...
d) Cuando sea necesario por razón de investigación,
educación, repoblación o reintroducción,
o cuando se precise para la cría en cautividad.
Para solicitar el permiso, según el artículo
28.3 de dicha ley, deberemos especificar:
a) Las especies a que se refiera.
b) los medios, los sistemas o métodos a
emplear y sus límites, así como el personal cualificado,
en su caso.
c)Las condiciones de riesgo y las circunstancias
de tiempo y lugar.
d) Los controles que se ejercerán en su
caso.
e) El objetivo o razón de la acción.
Aquí es donde empiezan a surgir los problemas,
podemos especificar más o menos correctamente los cuatro
últimos puntos, pero en la mayoría de los casos
no es posible definir las especies con las que nos vamos a encontrar,
por la sencilla razón que no las conocemos 8esto es especialmente
claro en el caso de estudios faunísticos que pretendan
averiguar la entomofauna de un lugar o en el caso de encontrar
alguna especie no descrita anteriormente). Llegados a este punto,
la Administración suele (dependiendo de que Comunidad Autónoma
se trate, ya que las competencias están transferidas) pedir
que una Sociedad Científica o una Facultad de Biología
avalen el interés científico del proyecto, antes
de conceder un permiso. Para ver un ejemplo de un permiso para
trabajos de campo (40 kb), pulsa aquí.

Una vez que ya tenemos diseñado el estudio,
y disponemos ya del permiso, ya podemos salir al campo.
La gran mayoría de las especies de artrópodos
tendremos que capturarlas para poder identificarlas o, por lo
menos, conseguir que se estén quietas el tiempo suficiente
para lograr una buena macrofotografía. El equipo de todo
buen entomólogo que salga al campo y quiera observar y/o
capturar artrópodos variará según el grupo
al que se dedique, pero en la mayoría de los casos incluirá
unas pinzas largas, lupa de bolsillo, frascos y botes de diversos
tamaños (especialmente útiles suelen ser los botes
de carretes de fotos), aspirador para artrópodos pequeños
y, en muchos casos, la típica manga entomológica.
Según los casos, puede ser necesario también un
frasco con productos para matar los especímenes que requieran
una identificación posterior en el laboratorio.
En el laboratorio, el equipo estándar consiste
en lupa binocular, alfileres entomológicos, agujas enmangadas,
lancetas, extendedores de alas para Lepidópteros, Ortópteros,
Odonatos,..., etanol de distintas graduaciones, glicerol, paradiclorobenceno,
y, en algunos casos, formaldehido (aunque este último no
suele emplearse, porque puede provocar descalcificación
de cutículas en crustáceos y miriápodos,
además de ser cancerígeno).
Puesto que cada grupo de artrópodos tiene
sus propios métodos de captura, transporte, preparación
y conservación, no tiene sentido extenderse en este punto
aquí.
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