Scriptus Naturae
(http://scriptusnaturae.8m.com). Torralba,
A., 1998.- III Curso de Iniciación a la Entomología.
Natura nusquam magis est tota quam in minimis.
Ed. Asoc Natur. Altoaragon. Onso, 47 pp.
IV.3. Sistemática de los artrópodos.
Los artrópodos actuales se clasifican en
quelicerados y mandibulados. Los quelicerados son los artrópodos
que aparecieron antes en la evolución y se caracterizan
por poseer quelíceros, sus representantes más conocidos
son los arácnidos.
Los mandibulados son los artrópodos que
aparecieron después en el tiempo, poseen mandíbulas
en vez de quelíceros y se dividen en miriápodos,
crustáceos e insectos, grupo este último que trataremos
en capítulo aparte.
Los arácnidos son voraces depredadores y
molestos parásitos (son carnívoros y fluidófagos
(a excepción de los
ácaros)
cuya característica principal es la de tener ocho patas
(aunque las larvas de los ácaros presentan seis patas).
Otra característica más rápida
para reconocerlos (poca gente se para a contar las patas de un
"bicho" que nota subiéndole por el brazo o pierna)
es que tienen el cuerpo dividido en dos partes, la de delante
y la de atrás, a las que los científicos, no contentos
con llamarlas anterior y posterior, decidieron ponerles los nombres
de prosoma y opistosoma respectivamente. En el prosoma presentan
una boca, un par de quelíceros, otro de pedipalpos y otros
cinco pares de apéndices.
Todos hemos visto una araña en su tela,
una garrapata en la oreja de un perro o un escorpión debajo
de una piedra (¿todos?), algunos hemos visto las evoluciones
de un opilión entre la hojarasca y unos pocos (telespectadores
de los documentales de la 2 y gente rara de esa que se pasa la
vida mirando al suelo en el campo) sabemos por experiencia de
la existencia de los pseudoescorpiones y de los solífugos;
en cuanto a los palpigrados se los dejaremos a los expertos.
Pues bien, estos (arañas,
escorpiones, ácaros, opiliones, solífugos, palpígrados
y pseudoescorpiones) son los ordenes en los que se dividen los
arácnidos, al menos en Europa, porque existen otros cuatro
órdenes (uropigios, amblipigios, ricinúlidos y esquizómidos)
que habitan en zonas tropicales.
Parece claro que los primeros arácnidos
que alcanzaron la tierra fueron los escorpiones, y que el resto
de quelicerados terrestres lo hicieron después independientemente.
La respiración puede ser cutánea
(en las formas pequeñas) o bien necesitar de órganos
especiales (pulmones en libro (filotraqueas) o tráqueas
verdaderas)
Los miriápodos son artrópodos terrestres
con muchas patas. Su número varía desde las dieciocho
de algunos pequeños paurópodos a las quinientas
que poseen algunas especies de diplópodos (vulgarmente
denominados milpiés, aunque, como acabo de decir, nunca
llegan a esta cantidad).
Reflejan un modelo de organización que se
desechó hace tiempo en los demás grupos. Presentan
una cabeza (tagma cefálico) y, a continuación, una
serie de segmentos con un par de apéndices cada uno de
ellos (esto es, su cuerpo se puede dividir, grosso modo, en cabeza
y tronco). Su posible antecesor viviría en el Cámbrico,
sería de pequeño tamaño y con un tegumento
poco endurecido, por lo cual no se fosilizó. Presentaría
un par de antenas multiarticuladas, no muy largas. La boca tendría
a su servicio tres pares de apéndices, y se le suponen
ojos compuestos y órgano de Tömösvary (órgano
quimierreceptor situado en la cabeza). Presentaría ano
y gonoporo terminales.
Los grupos principales (o, por lo menos, los más
conocidos para el público lego) de miriápodos son
los quilópodos y diplópodos, es decir, los ciempiés
y los milpiés.
Los ciempiés son miriápodos de cuerpo
aplanado y alargado, con un régimen de alimentación
depredador (como, por
ejemplo:
Scolopendra). Es característico del grupo la presencia
de forcípulas, que son el primer par de apéndices
del tronco al servicio de la boca, parecidas a un par de patas
pero algo más cortas; las emplean para matar a sus presas
(llevan asociadas unas glándulas venenosas).
Los milpiés son miriápodos de cuerpo
cilíndrico y alargado, con un régimen alimenticio
basado en vegetales en descomposición. El ejemplo más
típico es Iulus o cardador. Los segmentos del tronco
son conocilíndricos que se encajan unos es otros. Cada
segmento lleva dos pares de apéndices (por efecto de una
fusión parcial de segmentos), lo que les proporciona mayor
efectividad a la hora de excavar. El primer segmento del tronco
es ápodo.
La mayoría de los miriápodos son
lucífugos e higrófilos, lo que significa que rehuyen
la luz y van hacia la humedad, siendo fáciles de encontrar
debajo de las piedras o entre la hojarasca.
Los crustáceos se diferencian de los demás
artrópodos por poseer dos pares de antenas, un par de mandíbulas,
dos pares de maxilas y respirar por branquias, a excepción
de los pocos crustáceos terrestres que han cambiado las
branquias por órganos de respiración aéreos.
Los crustáceos tienen el cuerpo dividido en cefalotórax
y pleon (= abdomen). Presentan un tipo de larva especial, la larva
nauplius o, en otros casos, el estado nauplius, que es equivalente
pero que se da dentro del huevo en crustáceos que no tienen
larvas.
Algo característico de los crustáceos
es el caparazón, aunque existen algunos grupos que no lo
presentan. Es una estructura de origen cefálico que está
constituida por el desarrollo de epímeros, generalmente
provenientes del segmento de las segundas maxilas. El caparazón
puede ser plano, alargado y dorsal (en Notostraceos y Braquiuros),
en cuyo caso no está soldado a ningún segmento del
tórax; también puede ser bivalvo ( Ostrácodos,
Concostraceos), en cuyo caso engloba a todo el cuerpo, fusionado
sólo en la parte cefálica; o bien puede dejar libre
la parte de la cabeza (Cladoceros).
Pese a lo apasionante que resulta la taxonomía
de los crustáceos y el estudio de todos los grupos menores,
con sus correspondientes adaptaciones a diversos tipos de vida
y sus características morfológicas, anatómicas,
etológicas y ecológicas, deberemos pasarlo por alto
en este curso, y dejarlo para cuando sea posible un curso dedicado
exclusivamente a los crustáceos. Así pues, a continuación
seguiremos con una breve sinapsis de los grupos más conocidos,
sin seguir ningún tipo de orden sistemático.

Es un
grupo muy amplio (unas 9.000 especies) y fácil de reconocer
las especies de vida libre, pero resultan problemáticas
las parásitas (sólo se pueden definir por los estados
de desarrollo). Resultan características las bolsas de
huevos.
Son bastante importantes en la ecología
de las aguas, ya que presentan una gran cantidad de fases y estadios
y todos ellos son susceptibles de ser depredados por una gran
variedad de animales mayores. Abundan tanto en los mares como
en agua dulce.
Algunas especies viven en el fondo del agua y otras
en la superficie; se mueven a impulsos, golpeando al mismo tiempo
los cinco pares de patas delanteras, al tiempo que repliegan las
antenas sobre el cuerpo. Suelen vivir en comunidad con cladóceros
y ostrácodos. Los de vida libre son filtradores o depredadores.
Se les conoce vulgarmente como pulgas de agua.
Se desplazan a saltos sobre el agua, batiendo las antenas natatorias
(segundo par de antenas birrámeas), lo que les ha valido
su nombre común.
Presentan el cuerpo comprimido lateralmente y encerrado
en un caparazón bivalvo, que ya hemos comentado anteriormente
que deja libre la cabeza. (aunque las especies carnívoras
pueden haber perdido la mayor parte del mismo). El caparazón
suele presentar unas pequeñas espinas y acabar en una espina
caudal. Han sido (y son) muy usados en experimentos de Ecología,
dada la facilidad de su cuidado y cría. Igual que el grupo
precedente y el siguiente, también se usan mucho como alimento
para peces.
En este grupo. el cuerpo está totalmente
cubierto por un caparazón bivalvo, abierto ventralmente
y con una sutura dorsal. Puede retraer todos sus apéndices
dentro de las valvas, y entonces se parecen a semillas de plantas
(aspecto que mantiene el caparazón tras la muerte del animal).
Si se seca o hiela el agua, cierran el caparazón
herméticamente, sumiéndose en un estado de latencia.
Son una fuente de alimentación importante para depredadores
acuáticos: Los hay marinos y dulceacuícolas, filtradores
y depredadores (el del dibujo, concretamente, es marino y carroñero).
Simplificando, se podría decir que son los
percebes y bellotas de mar. Como todo el mundo sabe, los adultos
son sésiles (o parásitos) y se parecen bastante
poco a lo que consideramos un crustáceo "corriente".
Sin embargo, su ciclo biológico (con la consabida larva
nauplius (además de una segunda larva denominada cipris),
no deja lugar a dudas del grupo al que pertenecen. En este curso
no pensaba dedicarme a ningún grupo exclusivamente marino,
pero puesto que son tan conocidos y Darwin les dedicó ocho
años de su vida a escribir una taxonomía de los
mismos, no veo porqué no dedicarles aquí unas líneas.
Presentan el cuerpo no recubierto por un caparazón,
es alargado y formado por muchos segmentos. Las primeras antenas
están reducidas, mientras que las segundas son masivas
y están bien desarrolladas.

Resisten
la desecación en forma de huevos latentes, son habitantes
habituales de charcos temporales con baja tensión de oxígeno.
Algunas especies, como Artemia salina, resisten condiciones
de hipersalinidad, como las que se dan en algunas lagunas monegrinas.
Se venden desecadas como alimento para peces de acuario; y también
en forma de huevos bajo el nombre comercial de "monos de
agua".
Presentan el cuerpo dividido superficialmente en
cefalotórax (formado por la fusión dorsal del caparazón
cefálico con los segmentos del pereion (= tórax))
y pleon (abdomen). En ellos podemos distinguir entre los Reptantia,
que tienen forma de cangrejo de río o de bogavante (cuerpo
aplanado dorsoventralmente), los Natantia, con forma de gamba
(cuerpo aplanado lateralmente), y los Brachyura, con forma de
cangrejo de mar (con el pleon replegado ventralmente).
Por ser lo que más cerca nos toca, comentaremos
tan sólo la desaparición del cangrejo de río
autóctono (Austrapotamobius papilles), que corre
peligro de desaparecer definitivamente de nuestras aguas, en parte
debido a la contaminación y en parte debido a la afanomicosis,
una enfermedad producida por un hongo que resulta mortal para
nuestro cangrejo, y de la que son vectores el cangrejo rojo (también
conocido como cangrejo americano) (Procambarus clarkii),
muy extendido, y el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus),
que ciertas personas con claros intereses económicos en
el mismo pretenden extender.

Más conocidos como cochinillas de la humedad,
son los únicos crustáceos que han conseguido colonizar
el medio terrestre, si bien limitados a hábitats con un
microclima húmedo (debajo de las piedras, cortezas, troncos
en descomposición); aunque también hay especies
anfibias.
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