Scriptus Naturae (http://scriptusnaturae.8m.com). Torralba, A., 1995.- II Curso de Iniciación a la Entomología. Ed. Asoc Natur. Altoaragon. Onso, 74 pp.
3.Nomenclatura
de insectos.
Los insectos, como todos los demás
animales y plantas, se nombran usando dos palabras en latín.
La primera se escribe con mayúscula y es el nombre genérico.
Es igual para todas las especies que pertenecen al mismo genero.
Un genero agrupa a unas especies muy parecidas. Para diferenciar
una especie de otra del mismo genero se emplea el epíteto
específico, que se escribe en minúsculas y que,
junto con el nombre genérico, forma el nombre de la especie.
En el caso de que de una especie se hallan
descrito varias razas o subespecies, el nombre correspondiente
a estas se escribe a continuación del epíteto específico.
Al final se escribe el nombre del que descubrió la especie
o la subespecie, bien entero o abreviado.
Por supuesto que existen nombre científicos
curiosos, a continuación pongo una pequeña lista
de algunos de ellos:
En cuanto a longitud cabría distinguir
los siguientes géneros: Nematoceroechinogammarus,
Viridiformiechnogammarus, Siemienkiexicziechinogammarus,
Gammaracanthuskotylodermogammarus (creados todos ellos
por Dybowski); aunque se lleva la palma Brachyta interrogationis
nigrohumeralisscutellohumeroconjucta (Plavilstshikov).
En el extremo contrario podríamos
encontrarnos con un pequeño himenóptero llamado
Aha ha (Menke).
En el mundo de los insectos las clasificaciones
de especies nuevas son dificiles y, muchas veces extenuantes,
de lo que dan fe Stroudia difficilis, Paravespa gestroi
problematica y Bombus perplexus.
Estarían también los nombres
puestos por entomólogos sin ninguna imaginación
como Coeleumenes secundus, Leptochilus tertius,
Eudynerus nonus (sinonimizado con E. octavus,
para desesperación de los matemáticos). Pero la
falta de imaginación no es sólo un mal que afecta
a los de ciencias, podríamos citar también algunos
generos del tipo Pirhosigma (Prs en griego).
Naturalmente en la Entomología también
existe el peloteo, la egolatría y el autobombo, del que
podría dar fe el lepidóptero Cartwrightia carwrighti
cuyo autor, un tal Carwright, justifico la semejanza con su nombre
alegando que había dedicado el nombre genérico a
su padre y el específico a su hermano. Pero sin duda alguna
el caso más alarmante sería el protagonizado por
Embrick Strand; en una revista dirigida por el mismo, y dentro
de unos tomos dedicados al editor de la revista, que casualmente
también era él, apareció un artículo
firmado por un tal Jan Obenberger en el que se describían
92 nuevas especies de coleópteros, de las cuales 50 llevaban
en alguna parte de su nombre científico un apelativo a
Strand, ya usando su nombre, su apellido, ambos o una derivación
de ellos.
Pero no todos los entomólogos han
de ser ególatras, sin imaginación o expresar sus
frustraciones a la hora de clasificar insectos; también
hay sitio para el amor. Un ejemplo de esto serían las arañas
Ochisme y Marichisme (Kirkaldy), que comprenderá
aquel que sepa ingles, aunque desde luego, ignoramos el romanticismo
que pueda despertar una araña.
Para hacer más fácil el estudio
y clasificación de seres vivos los géneros se agrupan
en familias, las familias en ordenes, los ordenes en clases, las
clases en tipos y los tipos en reinos, siempre siguiendo criterios
de parecido anatómico o evolutivo. En el caso de los insectos,
el reino al que pertenecen sería Metazoos, el filo artrópodos
y la clase insectos, así que lo que nosotros vamos a hacer
a continuación va a ser estudiar los ordenes más
importantes de insectos.
La primer división que encontramos
en los insectos es entre aquellos que nunca han tenido alas y
aquellos que las tienen o las han tenido a lo largo de la escala
evolutiva. Los primeros se llaman Apterigotos y los segundos Pterigotos.
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