Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Scriptus Naturae (http://scriptusnaturae.8m.com). Torralba, A., 1995.- II Curso de Iniciación a la Entomología. Ed. Asoc Natur. Altoaragon. Onso, 74 pp.


6.Los artrópodos como comida.

Empezaremos este capítulo dedicado a la entomofagia constatando el hecho de que a la mayoría de las personas (europeas o norteamericanas) les repugna la idea de comer la mayoría de los artrópodos; con la contradicción que resulta del hecho de que consideremos repulsivo comer un insecto vegetariano mientras nos parece un bocado exquisito un crustáceo carroñero.

Sin embargo, no siempre ni en todos los lugares esto ha sido así. Aristóteles, el famoso filósofo griego, nos habla así de las cigarras: "... saben mejor en su fase de ninfas antes de la última transformación..." y "... (entre los adultos) los mejores para comer son los primeros machos, pero después de la copula con las hembras, que a la sazón se encuentran llenas de huevos blancos...".

A la hora de consultar textos referidos a la entomofagia nos encontramos con "... podéis comer toda clase de brugos, ofiomacos y langostas..." y con "... podéis comer todas las criaturas con alas que se arrastran sobre cuatro patas y además tienen dos para saltar por tierra..." ambos textos sacados del Levítico (Antiguo Testamento). Palabra de Dios.

Bodenheimer, entomólogo israelita, consiguió demostrar que el maná celestial del Antiguo Testamento no era otra cosa que una excreción cristalizada del azúcar excedente de una especie de insecto escamoso que habita en el Sinaí. Y fue mandado por Yahvé. (Sobre esto, cabe decir que otros autores consideran que se trataba de una especie de liquen).

Cambiando de religión nos encontramos con unos textos del Ayatollah Jomeini que dicen "... Está permitido comer crustáceos cogidos a mano, pero es indispensable que el pescador sea musulmán y haya invocado el nombre de Dios..." y "La sangre del hombre y de todo animal de sangre caliente, será impura. La sangre de pescado, mosquito o cualquier animal de sangre fría será pura". Por voluntad de Allah.

Pero dejemos a un lado dioses y demás mitos, y vayamos a comprobar como se comen los artrópodos en la realidad. Están, por una parte, aquellos artrópodos que nosotros consideramos comestibles, todos ellos limitados a la clase de los crustáceos. Gambas, cangrejos, langostas y centollos han sido aceptados como animales aptos para el consumo humano y a nadie le extraña por estas latitudes que en un libro de cocina aparezcan recetas como esta:

Tortilla de colas de cangrejos de río: Se limpian y se cuecen los cangrejos. Una vez preparados, se separan las colas y se les quita el caparazón. Si los cangrejos son grandecitos, se cortan las colas en dos o tres trozos, si no, se echan enteras. Se pone la mantequilla en un cazo, así como las colas, un poco de sal y pimienta molida. Se saltean de 1 a 2 minutos. Se baten los huevos y se salan un poco. Se calienta el aceite para la tortilla; cuando está a punto se vierten los huevos y, después de escurrida la grasa de los cangrejos, se echan éstos en el huevo, procurando que queden repartidos. Se procede entonces como para una tortilla a la francesa corriente.

En cambio, una receta como la siguiente resultaría chocante en la mayoría de los manuales de cocina, incluso si incluyéramos unas hojitas de perejil para que quedará rico, rico, rico: Sopa de langostas: Hiérvanse las langostas en agua, suavemente, durante dos o tres horas (si usa olla a presión sólo 30-45 minutos) con algo de mantequilla, margarina, manteca de leche de búfalo o aceite de oliva y sal y pimentón rojo para dar gusto. Este se mejora añadiendo un poco de jugo de limón. También pueden adicionarse todos o algunos de los condimentos siguientes: cebolla en polvo, ajo, hojas de laurel y jengibre. Se pueden utilizar estos ingredientes, enteros o picados, en un saquito de tela blanca de algodón que se introduce entre las langostas, retirándolo después de cocer. Pueden añadirse algunas verduras del país, pero como les basta para estas tiernas la tercera parte del tiempo que a las langostas, deben añadirse a la sopa más tarde, por lo menos hacia la mitad de la cocción. Es bueno servir la sopa adornada con perejil picado.

En otros lugares esto sería algo normal. Los indígenas de México central comen grandes cantidades de huevos de insectos. Suelen ser los huevos de una especie del insecto barquero que habita en las cañas y plantas acuáticas de los lagos y sus orillas. Confeccionan con ellos unos pastelillos que, según dicen, son de sabor muy apetitoso y de un gran valor nutricio. Los chinos se comen la crisálida del gusano de la seda una vez que le han quitado el capullo. Estas crisálidas, que ya han sido cocidas en parte por el agua caliente en que se sumergen los capullos para soltarles la seda, son luego fritas en mantequilla añadiéndoles la yema de un huevo; y las personas que han probado este manjar están de acuerdo en que es una de las cosas más exquisitas que puedan comer.

Si nos habituáramos a este tipo de alimentos, nos encontraríamos ante un nuevo abanico de posibilidades a la hora de comer. Podríamos salir al campo y encontrarnos la mesa puesta, sin necesidad de llevarnos comida de casa envuelta en papel de aluminio. Sería el fin de las plagas, puesto que nos las comeríamos, si hubiesen pensado así los egipcios, probablemente todavía seguirían los judíos en tierra de faraones, puesto que Yahvé mandaba comida gratis caída del cielo. Bromas aparte, lo cierto es que si se extendiera la costumbre de comer insectos (al fin y al cabo todos los artrópodos saben igual: a gamba) bastantes problemas se reducirían.


 Los problemas que afectan a los insectos

Cómo combatir las plagas de insectos

 Índice del II Curso de Iniciación a la Entomología  
  Página principal

 Copyright ©